http://cadena3.com/admin/playerswf/fotos/ARCHI_197945.jpg24 son los camilenses que en este día viernes viajan hacia traslasierra en nuestra Córdoba para presenciar un momento histórico para el Cristianismo argentino, la beatificación del Cura Gaucho José Gabriel Brochero.

Villa Cura Brochero dejó su tranquilidad transerrana para convertirse en una localidad en la que no cesa el movimiento de fieles y turistas desde el miércoles, a horas de la histórica ceremonia de beatificación de José Gabriel Brochero.

Dialogamos con Norma Luna, una de las organizadoras de este viaje que nos contó algunos detalles en el video a continuación:



Uno de sus milagros:

LaVozDelInterior: “Nico” tiene 13 años (en octubre cumplirá 14). Cuando tenía 11 meses, junto a sus padres y abuelos maternos, sufrió un terrible accidente de tránsito que le causó gravísimas heridas y el pronóstico médico se encaminaba hacia una “vida vegetativa”. Los estudios clínicos decían que Nicolás, producto de los golpes sufridos, no iba a poder ver, escuchar, hablar ni caminar.

“El diagnóstico de vida vegetativa nos entró por un oído y nos salió por el otro. Nosotros sabíamos que Nicolás se iba a recuperar”, cuenta Sandra Violino, la mamá.

A su lado, Osvaldo Flores relata por enésima vez el fatídico accidente ocurrido la noche del 28 de septiembre de 2000, en Falda del Cañete. Una camioneta sin luces se cruzó de carril y embistió al vehículo en el que iban él, su esposa y los padres de ella.

“En ese momento de desesperación, cuando veía que la vida de Nicolás se apagaba, yo estaba convencido de que el cura Brochero lo iba a salvar”.

La fe que transmite Osvaldo es tan asombrosa como lo que vino después.

Nicolás iba en los brazos de su madre, en los asientos traseros, cuando se produjo el impacto. El pequeño sufrió un terrible traumatismo de cráneo, con importante pérdida de masa encefálica. Su abuelo no sobrevivió al choque y su madre y su abuela resultaron con graves heridas.

Osvaldo fue el único que salió ileso y comenzó a hacerle primeros auxilios a su hijo. “‘Nico’ tenía un gran traumatismo en el cráneo, sus ojos comenzaron a ponerse blancos y empezó a tener problemas para respirar. Le hice respiración boca a boca. En ese momento, le pedí a Brochero que le salvara la vida”.

Por partida doble

“No dejamos de agradecer a la vida y que esto haya servido para la beatificación de Brochero, nuestro cura”, dice Sandra.

Es que tanto ella como su esposo son oriundos de Traslasierra. Ella nació en Villa Dolores y él, en Mina Clavero. “Estamos muy acostumbrados a la figura de Brochero. Cuando le pedí a Brochero por mi hijo, lo hice convencido de que me iba a ayudar, nunca tuve dudas de eso. Yo lo sabía”, remarca Osvaldo.

“Cuando se dio la beatificación, el corazón me reventaba de emoción. Mi marido estaba a mi lado con tanta paz que le dije: ‘¡No tenés sangre en el corazón!’. Y él me dijo que en realidad siempre supo Brochero iba a ser beatificado. ¡Tengo que aprender de la fe de mi marido!”, reconoce Sandra.

Y no sólo de la fe de su esposo tuvo que aprender Sandra, sino también de la de su hijo. “Nicolás escribe con la mano izquierda, obligadamente, por la hemiplejia derecha con la que quedó. Por eso teníamos que adaptarle los renglones de las hojas de la carpeta. Pero un día nos dijo: ‘Quiero escribir en hojas comunes’. Yo lo decía que no iba a poder. Y él me insistía en que sí”, cuenta Sandra.

Al final, la fe de Nicolás en sí mismo movió la montaña de escepticismo de su mamá: pudo escribir en hojas comunes, como todos sus compañeros.

Nicolás terminó sexto grado con maestra integradora y ahora concurre al colegio La Divina Providencia, especializado en chicos fronterizos.

Nicolás y Osvaldo son hinchas de Belgrano y la mamá, de Talleres. “‘Nico’ siempre le pide al padre que lo lleve a la cancha, pero Osvaldo no se anima. Igual él no alcanza a ver tan lejos, pero sería una gran alegría poder estar en el vestuario y conocer a los jugadores”, dice Sandra.




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