Dialogamos con la Doctora que presentó un proyecto con biomateriales que pueden ayudar a curar enfermedades genéticas y a tratar fracturas graves con la regeneración celular.

La Voz del Interior: Carla Giacomelli se sincera: “Trabajo mucho y lo hago con mucho placer”. Por más de 20 años, se dedicó a la ciencia básica de biomateriales. Tantos años de esfuerzo comienzan a producir sus frutos. Uno de ellos es haber sido galardonada con el Premio Nacional L’Oréal-Unesco “Por las Mujeres en la Ciencia” de 2022.

Giacomelli es investigadora principal del Instituto de Investigaciones en Fisicoquímica de Córdoba (INFIQC) del Conicet y la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). “Las terapias celulares están a la vuelta de la esquina”, asegura. Eso ocurre, en parte, gracias al desarrollo de nanoportadores más eficientes como los que viene estudiando ella. Son sustancias nanoscópicas capaces de llevar genes “curativos” a un lugar preciso de nuestro organismo.

Un tornillo dentario o una prótesis de cadera están fabricados de materiales biocompatibles inorgánicos. El equipo de Giacomelli realiza biomateriales híbridos, formados por componentes inorgánicos y orgánicos para que hagan sinergia.

Uno de sus proyectos se compone de tres elementos: proteínas de seda que pueden formar una matriz; en la matriz se incorporan nanoportadores; y los genes que codifican la expresión de proteínas capaces de reparar el tejido van acoplados a los nanoportadores.

Terapia celular para reparar huesos

La idea es usar esta matriz proteica para contener la fractura y que estos nanoportadores con los genes puedan ingresar a las células óseas de la persona para regenerar un hueso fracturado. Luego la matriz proteica desaparece porque es biodegradable.

“Por ahora es ciencia ficción porque trabajamos en ciencia básica y lo hacemos en el laboratorio todo a escala muy chiquita. No tenemos pacientes ni modelos animales”, advierte Giacomelli.

Se trata de una terapia celular: usar la propia maquinaria celular del paciente para que, a través del gen incorporado, produzca la proteína de interés que reparará el hueso.

Ese mismo principio está detrás de las vacunas contra el Covid-19. Algunas utilizan nanoportadores (Moderna y Pfizer) para transportar el gen que codifica la proteína S del coronavirus; otras, como Sputnik V, utilizan un vector viral. En estas inmunizaciones la maquinaria celular produce la proteína “enemiga” para que el sistema inmunitario desarrolle las defensas.

El objetivo de Giacomelli es reparar problemas óseos que no se resuelven fácilmente con un yeso. Hay algunas intervenciones en las que se extrae un pedacito de hueso del paciente de otro sitio o se utiliza hueso bovino. Otro ejemplo conocido es el reemplazo de cadera con prótesis.

“Una vez que logremos optimizarlo en el laboratorio, hay que hacer estudios en animales para corroborar que es efectivo y que además no es tóxico. Todo ello debe hacerse acorde a ciertas normativas. Luego vendría la etapa clínica en humanos que demanda mucho tiempo y dinero”, detalla.

Terapias génicas que curan

La investigadora también trabaja en un proyecto de terapia génica. En este caso el nanoportador lleva una gen que puede estar faltando o está defectuoso y que ocasiona una enfermedad de base genética como piel de cristal, hemofilia o fibrosis quística.

Esta línea de investigación está más avanzada. Tienen estudios en modelos animales sobre bioseguridad. Y con otros colegas crearon la empresa Nanotransfer con el objetivo de trabajar de manera colaborativa con empresas que ya desarrollan la etapa genética.

“Las terapias génicas aprobadas hasta hoy son poquísimas respecto a la cantidad de enfermedades genéticas que existen”, asegura la investigadora. Todas usan vectores virales como portadores, una tecnología cara, compleja y con algunas limitaciones, por ejemplo, porque reacciona al sistema inmunitario, cuando en este caso no se necesita.

“La propuesta es cambiar ese paradigma con portadores inorgánicos que se podrían aplicar a un espectro amplio de enfermedades. Resolver el problema de los vectores virales va a permitir democratizar estas terapias porque van a ser más accesibles y económicas”, asegura.

–Como la biotecnología, la nanotecnología está ingresando ya en nuestra vida cotidiana. ¿Cuánto sabemos sobre sus efectos nocivos para las personas y el ambiente?

–Nuestros nanoportadores se disuelven y quedan en el cuerpo como iones por lo que no tienen ningún efecto en la salud. La nanociencia está llegando al máximo de su producción y mucha de ella se convierte en nanotecnología que ya se emplea en productos cosméticos y pinturas. Pero hay poco sobre nanotoxicología. Están empezando a hacerse estudios, pero la nanociencia creció mucho más rápido. No terminamos de aprender de nuestros propios errores.

Carla Giacomelli, investigadora cordobesa. (La Voz)
Carla Giacomelli, investigadora cordobesa. (La Voz)

–Ya hace más de una década que se visibiliza la inequidad de género en el sistema científico de Argentina. ¿Qué cambió?

–Las mujeres todavía no llegan a cargos jerárquicos de la ciencia en la proporción en la que ingresan a la universidad. En la UNC debe haber hasta un 70 por ciento de mujeres en algunas carreras de grado. En el posgrado el porcentaje baja y cuando vas subiendo en jerarquía, se ven cada vez menos mujeres. Un ejemplo es el Directorio de Conicet, pero se observa en todas las instituciones. Pero ahora hay muchas más acciones para visibilizar el trabajo de las mujeres en ciencia, con premios y subsidios especiales para hacer estudios de género. El problema es más de fondo. En mi época a las mujeres nos educaban para estudiar otras cosas, eso está cambiando y, por lo menos, el tema está puesto sobre la mesa.

–¿Cómo se puede acelerar ese cambio de paradigma?

–Las mujeres podemos mostrar a las niñas y adolescentes que pueden tener una carrera científica, liderar un grupo de investigación, conseguir financiación e incluso estar a cargo de un órgano de gobierno. Tengo la esperanza de que cambie, pero sigo viendo que si un hombre y una mujer están en igualdad de condiciones para un cargo, se elige al hombre. Recuerdo el comentario de una colega de un país escandinavo. Nos dijo que ya no había brecha de género en su país porque fueron décadas de trabajo y de acciones que no veo en Argentina. Hay un camino largo por recorrer. Ahora las acciones son muy puntales y hay mucho en lo discursivo, pero no veo las verdaderas acciones.