“No soy una asesina, no maté a un bebé, sólo tomé pastillas para abortar, eso es lo que hice. Hoy estoy muy arrepentida, me siento muy pero muy mal, tengo muchísimo miedo, hice esto sola, me informé para hacerlo en Internet, no tenía otra alternativa más que abortar porque si seguía con el embarazo no iba a tener a dónde ir y tampoco medios para vivir. Me siento mal, es horrible por lo que pasé”.

El final de la declaración ­testimonial de una joven de 19 años, con domicilio de Isla Verde, que acaba de quedar en libertad luego de estar 25 días detenida por el supuesto homicidio de su bebé recién nacido, caso que ahora se comprobó que lejos estuvo de ser así, es una síntesis dura de un relato demasiado duro.

La beba fue encontrada sin vida el lunes 24 de agosto a la tarde dentro de una bolsa que había sido arrojada en el ba­sural.

El hallazgo fue de una vecina, María Domínguez, que de inmediato avisó a la Policía.

El viernes siguiente, la fiscalía de Corral de Bustos, a cargo de Gustavo Zucchiatti, ordenó la imputación y detención de la madre de la beba, una adolescente de 19 años.

“La encontré (a la beba que bautizó Cielo) en una bolsa; estaba calentita y creo que murió asfixiada”, contó Domínguez en su momento a este diario.

Desde entonces se vienen realizando diferentes manifestaciones en Isla Verde.

Sin embargo, 25 días después de la captura, y tras una ­autopsia más exhaustiva, el fiscal­ Zucchiatti modificó la carátula legal de “homicidio calificado” a la de “aborto autoprovocado”.

Sucede que los forenses comprobaron la inexistencia de vida extrauterina del feto hallado, lo que modificó por completo la hipótesis inicial.

En el medio, un grupo de vecinos hasta propuso lincharla y expulsarla del pueblo de poco más de 4.200 habitantes, ubicado 280 kilómetros al sudeste de la ciudad de Córdoba.

Duro testimonio

El relato de la joven desnuda una serie de carencias, de todo tipo.

Asegura que su padre la obligó a realizarse un test de embarazo, al notar que su panza iba creciendo, a principios de agosto. Que ella ignoraba que lo estaba y que cuando le confirmaron la noticia, le mintió a su padre, ya que de lo contrario él la iba a expulsar de su casa.

Luego, en Internet, comenzó a buscar cómo abortar. Y encontró diferentes ofertas clandes­tinas de la droga Oxaprost 75, ?a la que finalmente compró a ?un vendedor que la citó en la vía pública de la ciudad de Córdoba, un día de semana a las 11 de la mañana, cerca del shopping Patio Olmos.

Le pagó 720 pesos por cuatro pastillas, escuchó que las tenía que tomar todas juntas, que iba a sentir muchísimo dolor y que no debía buscar analgésicos.

El lunes 17 de agosto, la joven aprovechó que su padre había viajado a Córdoba y se encerró en su pieza. Dijo que tuvo dolores “insoportables” durante toda la noche, hasta que a las 7 de la madrugada siguiente despidió todo en el inodoro.

Ensangrentada, tomó su remera, puso todo sobre el inodoro, y sin querer ver, lo levantó. Lo guardó en una bolsa que escondió en su pieza, hasta que días después dejó todo en un tacho de la basura.

Aún los forenses no lograron determinar el tiempo de gestación. Sí que ya cursaba el tercer trimestre.

Hasta ahora, los testimonios de familiares y amigos niegan haber advertido un embarazo muy visible, lo que también hace dudar sobre el real tiempo de gestación.

Debate pendiente

Aborto. “Este es un caso que ha relanzado en nuestra comunidad el debate sobre si el aborto debe o no penalizarse, ya que la incriminación de esta conducta no desalienta su realización”, asegura el abogado defensor de la joven, Eduardo Birchmeyer.

El rol del Estado. Y agrega: “También ha desnudado el carácter ­ausente de nuestro Estado, quien por una falla en sus funciones de control, permite que los medios para llevar a cabo una interrupción del embarazo estén al alcance de todos, y a su vez, el caso puso al descubierto la inexistencia de una política pública que brinde ­eficaz contención a las madres adolescentes, madres precoces o que registran embarazos indeseados”.

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